lunes, 30 de noviembre de 2020

JUANITA DEL MONTÓN

JUANITA DEL MONTÓN, de Silvia Schujer

Así la llamaban en el barrio: "Juanita del montón". No porque hubiera un montón de Juanitas, sino por su colección de montones.

Ninguna cosa le gustaba de a una. Ni de a dos ni de a tres.

De "a muchas" para arriba. Por lo menos, de "a montón".

Ya de chica, a los siete años, se enfurecía porque eran sólo siete y quería tener más.

Entonces sumaba los años de todos sus amigos (los cinco de Manuela, más los siete de Ramón, más los ocho de Susana, más los cuatro de Javier). Y los convertía en un montón.

Y como para juntar un montón de años precisaba un montón de amigos, Juanita era la chica más amigable del barrio.

Ni ella misma sabía cuántos eran. Pero estaba segura de que al menos —los amigos— eran un montón.

Tal vez por eso guardaba con tanto celo un montón de ganas de jugar.

—Porque —decía Juanita— solo teniendo un montón de ganas de jugar puedo encontrar un montón de amigos.

Y, bien, si para sumar aquel montón de años, necesitaba un montón de amigos, y para tener un montón de amigos juntaba un montón de juguetes, lo que a Juanita le hacía falta entonces, era un montón de espacio donde guardarlos.

Convenció a su mamá y a su papá de que fueran a vivir a una casa con un montón de habitaciones. Y cada habitación, con un montón de metros de largo y un montón de metros de ancho.

El problema fue que para limpiar un montón de espacio, se necesitaba un montón de escobas, un montón de trapos y un montón de jabón.

Como se imaginarán, para comprar semejante montón, hacía falta un montón de dinero.

Bien sabía Juanita que juntar tanto dinero le llevaría un montón de tiempo. Así que guardó una a una las hojitas del montón de almanaques. Día a día hasta que los días se volvieron un montón. De tiempo, claro.

Y casi sin darse cuenta, cumplió los dieciséis.

Hizo entonces una fiesta de cumpleaños en la que recibió un montón de regalos. Había preparado un montón de diversiones para que se divirtieran un montón de personas.

Allí descubrió a Joaquín entre el montón de invitados.

Y le pareció el más lindo, más bueno y más divertido que el montón.

Bailó con él toda la tarde. Hasta que la fiesta se acabó.

Al día siguiente, y para no perder su costumbre de amontonar, Juanita se fue a buscar muchos Joaquines para tenerlos en el montón.

Dio un montón de pasos, atravesando montones de calles durante un montón de horas y todo fue inútil.

No pudo encontrar uno sólo que fuera como el Joaquín de su fiesta.

Sintió un montón de tristeza. Y derramando un montón de lágrimas, descubrió que tenía un montón de amor dentro de un sólo corazón.

Y fue al médico para que le diera algunos corazones más.

—Esto es imposible —dijo el doctor—. Para cada persona existe un sólo corazón.

—¿Qué voy a hacer? —se dijo Juanita. Y juntando el montón de palabras que conocía, trató de armar un montón de pensamientos que la ayudaran a encontrar un montón de soluciones para su problema.

Pero sólo se le ocurrió una idea: ir a buscar a Joaquín.

El único Joaquín que conoció.

Lo buscó y lo buscó durante largas noches. Hasta el día en que volvieron a encontrarse. Fue en medio de un montón de alegría en que Juanita y Joaquín se enamoraron. Y, aunque parezca mentira, entregándose un montón de amor, fueron felices un montón de tiempo.


FIN

Cuentos cortos, medianos y flacos, de Silvia Schujer.

viernes, 27 de noviembre de 2020

LEYENDA DE LOS ANDES: DE COMO REPARTIO EL DIABLO A LOS MALES POR EL MUNDO, de CIRO ALEGRÍA


Voy a contarles, y no lo olviden, porque es cosa que un cristiano debe tener bien presente, esta historia que nosotros no olvidaremos jamás y que diremos a nuestros hijos con el encargo de que la repitan a los suyos, y así continúe trasmitiéndose, y nunca se pierda.

Esto ocurrió en un tiempo en que el Diablo salió para vender males por la tierra. El hombre ya había pecado y estaba condenado, pero no había variedad de males. Entonces el Diablo, con su costal al hombro, iba por todos los caminos de la tierra vendiendo los males que llevaba empaquetados en su costal, pues los había hecho polvo.

Había polvos de todos los colores que eran los males: ahí estaban la miseria y la enfermedad, la avaricia y el odio, y la opulencia que también es mal y la ambición, que es un mal también cuando no es la debida, y he aquí que no había mal que faltara… Y entre esos paquetes había uno chiquito y con polvito blanco, que era el desaliento…

Y así es que la gente iba para comprarle y todita compraba enfermedad, miseria, avaricia y los que pensaban más compraban opulencia y también ambición… Y todo era para hacerse mal entre los mismos cristianos.

El Diablo les vendía cobrándoles buen precio, pero a aquel paquetito con polvito blanco lo miraban, mas nadie le hacía caso…

“¿Qué es, pues, eso?”, preguntaban por mera curiosidad. Y el Diablo se enojaba, pues la gente le parecía demasiado cerrada de ideas. Y cuando de casualidad o por mero capricho alguno lo quería comprar, preguntaba: “¿Cuánto?”, y el Diablo respondía:

“Tanto”. Y era pues un precio muy caro, más precio que el de toditos los paquetes, y he aquí que la gente se reía diciendo que por ese paquetito tan chico y que no era tan gran mal no estaba bien que cobrara tanto, insultando también al Diablo diciéndole que era muy Diablo por quererlos engañar así… Y el Diablo tenía cólera y también se reía viendo como no pensaba la gente…

Y es así que vendió todos los males, pero nadie le quiso comprar aquel paquetito, porque era chiquitito y el desaliento no era gran mal. Y el Diablo decía: “Con éste, todos; sin éste, ni uno”.

Y la gente más se reía, pensando que el Diablo se había vuelto zonzo. Y he aquí que sólo quedó aquel paquetito, por el que no daban ni un cobre…

Entonces el Diablo, con más cólera todavía y riéndose con la misma de un Diablo, dijo: “Esta es la mía”, y echó al viento aquel polvo para que se fuera por todo el mundo.

Desde entonces, todos los males fueron peores, por ese mal que voló por los aires y enfermó a todos los hombres. Sólo, pues, hay que reparar, nada más, para darse cuenta… Si es afortunado y poderoso, pero cae desalentado por la vida, nada le vale y el vicio lo empuña… Si es humilde y pobre, entonces el desaliento lo pierde más rápido todavía… Así fue como el Diablo hizo mal a toda la tierra, pues sin el desaliento ningún mal podría pescar a un hombre…

Es así como está en el mundo, donde algunos más, donde otros menos; siempre nos llega y nadie puede ser bueno de verdad, pues no puede resistir, como es debido, la lucha fuerte del alma y el cuerpo que es la vida…

Niños del mundo: que el desaliento no empuñe nunca vuestro corazón.



FIN


© Ciro Alegría © Fundación Editorial el perro y la rana, 2006
Espasa Calpe, Madrid, 1983

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Las fábulas y leyendas de esta antología de Ciro Alegría pertenecen a varios de sus libros: El sol de los jaguares (cuentos), La serpiente de oro (novela), Los perros hambrientos (novela) y El mundo es ancho y ajeno (novela).


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Ciro Alegría nació en la hacienda Quilca, Provincia de Sánchez Carrión, Departamento de La Libertad, Perú el 4 de noviembre de 1909 y realizó sus primeros estudios en Cajamarca y en la Universidad nacional de la ciudad de Trujillo, cerca de la costa. Fue alumno de César Vallejo.
Hizo incursiones en el periodismo, en los diarios "El Norte" y "La Industria" de Trujillo.
Desde muy joven intervino en actividades políticas y en defensa de los indígenas y de las clases sociales más explotadas.
Fue uno de los más importantes representantes de la literatura indigenista americana.
En 1934. En esta etapa se dedicó de lleno a la literatura y escribió páginas significativas de su literatura, obtuvo varios premios por sus novelas, otorgados por editoriales chilenas, por la editorial Farrar & Rinehart Company de EEUU y otros.
Vivió durante varios años en Estados Unidos, Puerto Rico y Cuba; y regresó en 1957 al Perú.
Después de su novela premiada, "El mundo es ancho y ajeno" (1941), no tuvo una gran producción, salvo algunos cuentos y relatos.
Fue miembro de la Academia peruana de la lengua en 1960, y posteriormente Presidente de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas.
Falleció en Lima en 1967.
Sus obras:
La serpiente del oro (1925) Los perros hambrientos (1938) El mundo es ancho y ajeno (1941) Duelo de caballeros (1962)

Fuente: Bibliotecas Virtuales

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jueves, 26 de noviembre de 2020

Leyenda africana

 


Dicen que dicen que un día, Mulukú el Dios de una tribu africana, tuvo ganas de estar acompañado.

Entonces cavó un gran pozo en la tierra con sus manos y del pozo salió un hombre.

Cavó otro pozo y salió una mujer.

Les dio muy buena tierra para cultivar, herramientas para trabajar y semillas de mijo para sembrar.

Y les explicó:

–Para vivir bien tendrán que construirse una casa sólida. Les enseñaré a trabajar la tierra para sembrar y así tendrán comida.

–Bueno, bueno– dijeron a coro el hombre y la mujer, y se fueron.

Al tiempo Mulukú volvió a visitarlos y se encontró con que el lugar estaba vacío. No había casa.

No había tierra sembrada, se habían comido las semillas de mijo y las herramientas estaban tiradas por ahí.

Desilusionado se sentó en una piedra a pensar.

Pensó y pensó hasta que decidió llamar al mono y a la mona.

Les dijo lo mismo que al hombre y a la mujer y les dio tierra, mijo y herramientas.

Al tiempo Mulukú volvió. Los monos habían construido una casita de ramas y barro, tenían un hermoso sembrado verde y de una olla que hervía sobre el fuego, salía un riquísimo olor a comida.

Entonces les sacó las colas a los monos y les dijo:

–“Conviértanse en hombres”.

Se fue a la selva a buscar al hombre y a la mujer que estaban cazando mariposas entre las ramas, les puso las colas de los monos y les dijo:

–“Conviértanse en monos”.

Y colorín colorado esto se cuenta en África que ha pasado.


Fin ✿◕‿◕✿


“Leyenda africana” - Versión de Laura Roldán
Del libro “La marca del garbanzo”, Altea, 2007

Ilustración: ©Anthony Browne

martes, 24 de noviembre de 2020

Jornadas Metropolitanas de Bibliotecas Escolares

  

El Equipo de Supervisores de Bibliotecas Escolares de CABA les informa que los días 24 y 25 de noviembre de 2020 se llevarán a cabo las I Jornadas Metropolitanas Virtuales de Bibliotecarios y Bibliotecarias Escolares: “Las bibliotecas escolares siguen llegando a casa” organizadas íntegramente por el Equipo de Supervisores de Bibliotecas Escolares y los Asesores Pedagógicos de Intec. 

jueves, 19 de noviembre de 2020

Canal Encuentro Video: Día de la Soberanía Nacional

"Efemérides: Día de la Soberanía Nacional (20 de noviembre) - Canal Encuentro HD" en YouTube

 


 

20 de Noviembre día de la Soberanía Nacional

La asombrosa excursión de Zamba en la Vuelta de Obligado - Canal Pakapaka


 

LA OVEJA 99

Para poder dormirse, Matilde se puso a contar ovejas. Dentro de su cabeza se figuró un cerco de alambre tendido en el medio del campo.

Las ovejas empezaron a saltar por encima del alambre. Todas en orden, como deportistas entrenadas.

—Una, dos, tres, cuatro —las contó Matilde. Eran blancas y espumosas. Igualitas. Olímpicas. Saltaban sin equivocarse.


—Cuarenta y dos, cuarenta y tres —seguía contando Matilde y bostezaba. Hasta que algo pasó y fue a causa de la oveja 99. Cuando le tocó el turno de saltar, se paró a tomar impulso. Estaba un poco gorda. No era nada ágil.

Las ovejas que venían detrás se la llevaron por delante y perdieron el ritmo.

—¡Dale, saltá! —le dijeron.

Ella se puso nerviosa.

—¡No puedo!

Las otras protestaron.

—¡Eso te pasa por comer tanta pasta frola!

—¡Cuánto más me digan, menos voy a saltar! —se encaprichó la 99.

Después empezó con que no iba a saltar porque no se le antojaba, no porque no pudiera. Las ovejas discutieron a los gritos. Unas se pusieron de su parte, otras dijeron que era una arruinatodo. Entre dos le hicieron pie para que cruzara pero terminaron todas en el suelo.

Después quisieron pasarla empujándola por el pompis, pero les dio tanta risa que la soltaron. No había caso. No podían con ella.


Entonces una oveja fue a buscar ayuda o algo. Encontró una grúa de las que se usan en el campo para apilar bolsas de maíz.

¡Eso iba a servir!

Volvió donde estaban las otras, manejando la grúa a lo loco. Y así fue como la cruzaron: en grúa. A la 99 le encantó. Se balanceaba en el aire como un piano. Las demás aplaudían y gritaban.

Sólo que con tanto escándalo Matilde se desveló y tuvo que empezar a contar de nuevo.

—Uno, dos, tres...

Pero se le hizo largo y se durmió recién al amanecer: todas las demás ovejas quisieron cruzar el cerco en grúa.


FIN

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Los Imposibles de Ema Wolf  - Editorial Sudamericana - Colección: Pan flauta

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Ilustración Margarita Espertino
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miércoles, 18 de noviembre de 2020

HIPOS Y COCOS, y FILOTEA, de Ema Wolf

CUENTO 1: HIPOS Y COCOS



HACE MUCHO TIEMPO LOS HIPOPÓTAMOS Y LOS COCODRILOS NO ERAN COMO AHORA.
PASÓ ESTO:
LOS HIPOS Y LOS COCOS SIEMPRE FUERON VECINOS. LOS DOS VIVEN EN RÍOS DE AGUAS CÁLIDAS Y LES GUSTA CHAPOTEAR EN EL BARRO DE LA ORILLA.
UN DÍA EL HIPO INVITÓ AL COCO A TOMAR EL TÉ. LE PREPARÓ UN SÁNDWICH DE JAMÓN Y QUESO.
EL COCO QUISO DEVOLVERLE LA ATENCIÓN Y EL SÁBADO SIGUIENTE INVITÓ AL HIPO A COMPARTIR SU MERIENDA. PARA NO SER MENOS, LO CONVIDÓ CON SÁNDWICH DE JAMÓN, QUESO Y TOMATE.
—EXQUISITO —DIJO EL HIPO, MUY IMPRESIONADO CON EL AGREGADO DEL TOMATE.
PASARON SIETE DÍAS Y EL HIPO VOLVIÓ A INVITAR AL COCO.
PARA SER MÁS, LE PREPARÓ UN SÁNDWICH DE JAMÓN, QUESO, TOMATE, HUEVO DURO, MAYONESA Y ACEITUNAS.
—¡MMM! —DIJO EL COCO—. HE AQUÍ UN BOCADO IMPORTANTE.
ESTABA ENVIDIOSO. PERO NO SE IBA A QUEDAR ATRÁS.
ASÍ SIGUIERON TODOS LOS DÍAS DURANTE MUCHO TIEMPO.
UNO PARA NO SER MENOS, EL OTRO PARA SER MÁS. LOS SÁNDWICHES CRECIERON A LO ALTO.
EL ÚLTIMO ERA UNA COLINA DE JAMÓN, QUESO, TOMATE, HUEVO DURO, MAYONESA, ACEITUNAS, TORTILLA, LECHUGA, PICKLES, ANCHOAS, BERENJENAS EN ESCABECHE, MILANESA, BUTIFARRA, APIO, MOSTAZA, PURÉ, BUDINES, AROS DE CEBOLLA, ARROZ, SALCHICHAS, UNA TORTA, ETCÉTERA, ETCÉTERA.
POR ESO EL HIPO Y EL COCO AHORA TIENEN ESAS BOCAZAS ENORMES.
ANTES NO ERAN ASÍ.
ANTES TENÍAN BOQUITAS DE DAMA ANTIGUA, TAN DELICADAS QUE TOMABAN AGUA CON PAJITA Y HABLABAN CON LA U.

FIN


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CUENTO 2: FILOTEA


FILOTEA TENÍA QUE TOMAR UNA DECISIÓN IMPORTANTE.
—¿ME TIRO O NO ME TIRO?
MIRÓ PARA ABAJO.
—¡GGGG! ¡ME DA VÉRTIGO!
VOLVIÓ A MIRAR.
—¡GGGGGGGGGG!
SE DIJO A SÍ MISMA: “FILOTEA, CORAJE.”
JUNTÓ LAS MANOS, CERRÓ LOS OJOS, APRETÓ LA RESPIRACIÓN, TOMÓ IMPULSO Y… NO SE TIRÓ.
—¿QUÉ HAGO?
SE PUSO RODILLERAS, MUÑEQUERAS, ZAPATOS DE CORCHO, UN ALMOHADÓN EN EL TRASTE.
—AHÍ VOY. UN, DOS, TRR…
NO FUE.
—¡ES TAN ALTO! ¿Y SI ME ESTRELLO? NECESITO MÁS PROTECCIÓN.
SE PUSO UN CHALECO NEUMÁTICO, UN CASCO, UN PARACAÍDAS EN LA ESPALDA. LO ÚLTIMO FUERON LAS ANTIPARRAS.
ENTONCES SÍ: PEGÓ ENVIÓN Y ZZZZZZZZ CAYÓ PLANEANDO SOBRE LA VEREDA SIN ROMPERSE NADA.
LAS HOJAS COMO FILOTEA SIEMPRE EXAGERAN UN POCO, PERO AL FINAL, EN EL OTOÑO, SE ANIMAN Y ZZZZZZZZ CAEN.


FIN

martes, 17 de noviembre de 2020

POBRE LOBO Autora Ema Wolf

Serían las cinco cuando Caperucita llegó a la casa de su abuela. Por supuesto, adentro estaba el lobo.
—Pasa, nena, está abierto —le dijo cuando escuchó los golpes en la puerta—. Y cerrá enseguida que hace un fresquete...


Caperucita puso la canasta sobre la mesa y se derrumbó en una silla.

—¡Qué voz ronca tenés, abuela! Ni que comieras tuercas. Al lobo le molestó un poco el comentario.

—Es por mi catarro de pecho, querida.

—Te traje caramelos de miel, yogur casero y no sé cuántas cosas más que metió la vieja en la canasta. Pesaba mil esta canasta. Ladrillos habrá puesto. Algo pegajoso se volcó adentro. Ahora que te miro bien: ¡qué boca enorme tenés! ¡Y qué dientes amarillos! ¿Siempre tuviste los dientes así de amarillos?



El lobo se incorporó en la cama para mirarse en el espejo. Tuvo que reconocer que no era una hermosura.

—Son los años, tesoro.

—Serán. Además es la primera vez que te veo los ojos así de colorados.

—Grandes, querrás decir.


—Sí, grandes también, pero yo digo colorados, colorados como los de los conejos.

Eso fue muy fuerte para el lobo. Nunca lo habían comparado con un conejo.

—Son para mirarte mejor, querida.

—¿Te parece?



Los comentarios de Caperucita siguieron.

—¡Qué orejas inmensas tenés abuela!

—Son para escucharte mejor.

—No me parece que hagan falta orejas así para escuchar bien. La gente tiene orejas normales y escucha lo más bien. ¿Y por qué tenés las uñas tan torcidas?

El lobo escondió las manos debajo de la frazada.

—Y decime, ¿cuánto calzas? Nunca vi unos pies tan grandes. Ni el tío Cosme tiene los pies de ese tamaño.



El lobo escondió las patas.

Caperucita seguía.

—Ese camisón te queda chico. ¿Engordaste?

—Tenes el cuello como, como lanudo..., como estropajoso... ¡Y bigotes!

—De las orejas te salen pelos negros.

—De la nariz también te salen pelos. Y te cuelgan unos m...


—¡Basta! —aulló el lobo.

Lloraba.

Saltó de la cama, tiró la cofia al suelo y se fue sin cerrar la puerta, de lo más deprimido.




FIN

Pobre Lobo se encuentra en el libro Filotea y otros cuentos,
escrito por Ema Wolf e ilustrado por Matías Trillo. Ediciones Santillana S.A.




 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Las huellas de los animales

HOY VAMOS A OBSERVAR UNA GRANJA:

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CONOCEN LOS NOMBRES DE ESOS ANIMALES?

VAMOS A MIRAR BIEN SUS PATAS Y LAS HUELLAS DE ALGUNOS ANIMALES QUE SE VEN EN LA IMAGEN.

HAY ALGUNOS ANIMALES, COMO LOS CABALLOS, LAS VACAS Y LAS OVEJAS, QUE CAMINAN APOYANDO SU PESO EN LA PUNTA DE SUS DEDOS QUE ESTÁN CUBIERTOS POR UNA UÑA GRANDE Y MUY DESARROLLADA, LLAMADA PEZUÑA. 

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¿SABEN CUÁNTOS DEDOS TIENE EL CABALLO EN CADA PATA? UNO SOLO Y ESTÁ CUBIERTO POR LA PEZUÑA TAMBIÉN LLAMADA “CASCO”. ESE DEDO O CASCO AGUANTA TODO EL PESO DEL CABALLO.

ESTE TIPO DE PEZUÑA DEJA UNA HUELLA CASI CIRCULAR.

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AHORA LES MOSTRAMOS LAS PATAS DE OTROS ANIMALES:

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ESTOS ANIMALES TIENEN CUATRO DEDOS EN CADA PATA PERO, PARA ANDAR, SOLO APOYAN LOS DOS QUE ESTÁN MÁS DESARROLLADOS. ESTE TIPO DE PEZUÑAS PRODUCE HUELLAS QUE ESTÁN DIVIDIDAS EN DOS PARTES.

¿SE IMAGINAN A QUÉ ANIMAL PERTENECE CADA UNA DE ESTAS PATAS? 

LES PROPONEMOS QUE DIBUJEN CÓMO SE IMAGINAN QUE SERÁN LAS HUELLAS QUE DEJA CADA UNA DE ELLAS.

LES PROPONEMOS QUE MIREN LOS ANIMALES QUE APARECEN EN ALGUNOS BILLETES DE NUESTRO PAÍS. ¡SI SE FIJAN BIEN EN CADA UNO, SUS HUELLAS ESTÁN MARCADAS! LOS INVITAMOS A BUSCARLAS Y COMPARARLAS CON AYUDA DE LAS QUE VIMOS.

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LES PROPONEMOS ESTE DESAFÍO: MIREN LA IMAGEN Y CONTESTEN LAS PREGUNTAS.

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  • ¿QUIÉN HABRÁ DEJADO ESTA HUELLA TAN PROFUNDA? LES DAMOS UNA PISTA: ESTOS ANIMALES EXISTIERON HACE MUCHO TIEMPO PERO YA NO EXISTEN
  • ¿SE TRATARÁ DE UN ANIMAL QUE ES LIVIANITO O PESADO? ¿SE PARECE A ALGUNA DE TODAS LAS HUELLAS QUE VIMOS?
  • ¿CÓMO SE VE EL SUELO DONDE ESTÁ LA HUELLA? ¿PARECE DURO O BLANDO? ¿CÓMO SERÍA ESE SUELO EN EL MOMENTO EN QUE EL ANIMAL PASÓ?

BUENO, SEGURO QUE YA SE DIERON CUENTA DE QUE LA HUELLA ES DE UN DINOSAURIO. ¿A CUÁL DE ESTOS DOS SE PARECERÍA EL DUEÑO DE ESA HUELLA?

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viernes, 13 de noviembre de 2020

LA NONA INSULINA Autora: Ema Wolf


A medida que pasaban los años la cara de la nona Insulina se volvía más lisa y desarrugada. Las manos más firmes, la espalda más derecha. Hasta se notaba que crecía un poco.

Con el tiempo se le afirmaron los dientes y dejó de usar bastón.

Por esa misma época le empezaron a gustar más los tacos altos que las pantuflas.

En unos años nació su último nieto; y poco después, el primero.

Se jubiló de maestra de piano.

Pronto le desaparecieron las primeras canas.

Cuando quiso acordarse ya faltaban veinte años para su casamiento con el joven Beto Fregolini.

Hasta entonces fue criando a sus dos hijos, que le daban cada vez más trabajo a medida que se hacían chicos.

Más tarde conoció a Beto. Él la sacó a bailar un sábado de Carnaval en la Sociedad de Fomento de Carapachay. Allí la nona Insulina pronto empezó a ir a las fiestas acompañada de su mamá.

A los doce años entró en séptimo grado y estrenó un par de zoquetes nuevos. Ya nunca más dejaría los zoquetes.

El día que empezó la primaria la nona Insulina gritó como una marrana cuando su mamá la dejó en la escuela.

Por entonces se le picó la primera muela por lo que iba a ser su gran debilidad: los caramelos de leche.

El primer porrazo fue a los trece meses, cuando se largó a caminar.

Después empezó a gatear y a ofrecerle su chupete a medio mundo.

Era la época en que la entalcaban para que no se paspara.

En cuestión de semanas la pusieron a dormir en un moisés lleno de moños.

Enseguida la nona Insulina empezó a despertarse cada cuatro horas para pedir la mamadera.

Una mañana de setiembre, muy temprano, pegó su primer grito: ¡BUAAAAAAA! Le pegaron una palmada en el traste y después nació.


FIN




Los imposibles
Ema Wolf
Ilustraciones Jorge Sanzol
SUDAMERICANA, Noviembre 2000
Colección Pan Flauta.
A partir de 11 años
Humor

¿Puede abuela usar chupete? ¿Puede un vampiro tomar sol? ¿Puede un hombre destejerse, acaso? ¿Puede estar ágil una oveja comiendo solo pasta frola?
Todas las respuestas en este libro, donde lo increíble es creíble, lo creíble increíble y esas cosas

jueves, 12 de noviembre de 2020

Cuento Tradicional: HANSEL Y GRETEL, versión: Ricardo Mariño, Ilustraciones: Eva Mastrogiulio

Hansel y Gretel


Origen: Alemania
Antes de que los hermanos Grimm lo publicaran en 1812, este cuento se contaba a niños y adultos. Y a todos asustaba.

 


Ricardo Mariño  (1956).
Es escritor y periodista.
Su obra fue premiada por Casa de las Américas, Editorial Susaeta e IBBY.
Recibió también el Premio Konex en reconocimiento al trabajo en literatura infantil. Su libro de cuentos Silbidos en el cielo obtuvo el Segundo Premio Municipal.

Eva Mastrogiulio (Buenos Aires, 1980).
Es diseñadora gráfica egresada de la Universidad de Buenos Aires. Ha sido docente varios años de Morfología (FADU, UBA).
Desde el año 2006 diseña y realiza ilustraciones para marcas de indumentaria, libros infantiles, agencias de publicidad y prensa.
 
 
 

Hansel y Gretel vivían en una cabaña en el límite de un gran bosque. Del bosque se decían cosas que maravillaban, pero también había comentarios que daban miedo: que estaba encantado, que en los sinuosos senderos que lo cruzaban aparecían fantasmas, animales que hablaban, brujas y criaturas extrañas. Hasta ese momento, los chicos solo lo habían recorrido en compañía del padre y su gran hacha de leñador y por eso no habían tenido miedo. Pero ahora, al escuchar la conversación que mantenían el padre y la madrastra, el bosque se les volvió preocupante y temible…

Las voces llegaban claras desde el piso de abajo a la pequeña habitación de la cabaña donde estaban Hansel y Gretel:

—¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo voy a alimentar a mis pobres hijos? —se lamentaba el padre. El hombre trabajaba día y noche, pero el dinero no alcanzaba. Apenas tenía con qué comprar harina y amasar unos panes, pero había días que ni siquiera eso.

—Se me ocurre algo —dijo la madrastra, y bajó un poco el tono de voz para asegurarse de que no la escucharan los niños que, sin embargo, la oyeron perfectamente—. Es duro decirlo, pero la verdad es que la comida no alcanza para los cuatro. No nos queda otra salida que dejar a los niños en el bosque.

—¡No puedo abandonarlos! Y menos en el bosque. Se dice que en el bosque hay fantasmas y brujas —respondió el hombre, indignado, pero la mujer no lo dejó continuar.

—Está bien —dijo ella—. Entonces nos vamos a morir de hambre los cuatro, incluyendo a tus preciosos hijos.
En el bosque, por los menos es posible que alguien se apiade de ellos y les dé algo de comer. Y los fantasmas y las brujas no existen, lo sabe todo el mundo.

Tanto le insistió la mujer que el hombre terminó cediendo.

En la pieza de los chicos, el silencio del hombre hizo llorar a Gretel. La nena se sentó en la cama y con la manga de la remera se enjugó las lágrimas.

—Nos van a dejar en el bosque… —le dijo a su hermano.



Hansel se sentó a su lado y le pasó el brazo por encima de los hombros consolándola.

—Tengo una idea que nos puede salvar le dijo.

Al amanecer, antes de que subiera el sol, vino la madrastra y los despertó.

—¡Arriba, perezosos! —dijo bruscamente mientras abría la ventana dejando entrar un haz de luz cegador—. Tenemos que ir al bosque a buscar leña.

Los chicos salieron al patio a lavarse la cara y la madrastra, parada en la puerta, los apuró:

—¡Vamos! Aquí tienen algo para comer. Les advierto: no lo coman antes de la hora del almuerzo porque no van tener nada más.

A poco de iniciarla larga caminata por el bosque, al padre le extrañó la actitud de Hansel, que muy seguido se detenía para mirar hacia la casa una y otra vez.

—¿Qué estás mirando, hijo? Vamos, no te quedes retrasado, más rápido.

—Es que estoy mirando a mi gatito blanco que está sobre el tejado y quiere decirme adiós.

—Tonto —le dijo la madrastra—, ese no es tu gatito, es el sol de la mañana que ilumina la chimenea.



Sin embargo, Hansel no estaba mirando a su gatito ni el sol de la mañana: se detenía para echar migas en el camino y lo había hecho desde que salieron de la cabaña.
Su plan era esperar a que cuando él y su hermana fueran abandonados en el bosque, las migas de pan sirvieran para encontrar el camino a casa.

A medida que caminaban, la vegetación se iba volviendo cada vez más espesa y cerrada, los árboles más altos, con flores y frutos enormes y coloridos. Cuando llegaron a lo más profundo del bosque, donde los árboles eran tan altos y tupidos que ni siquiera llegaba la luz del sol, el padre se detuvo.

—Ahora recojan unas ramas, hijos.
Vamos a encender una hoguera para que no sientan frío.

Hansel y Gretel juntaron leña y formaron un montoncito. Cuando lo encendieron y las llamas tuvieron cierta altura, habló la madrastra:

—Quédense junto al fuego mientras nosotros vamos por el bosque a cortar leña. Cuando terminemos, volveremos a buscarlos.

Hansel y Gretel se sentaron junto al fuego y cuando llegó el mediodía comieron cada uno su pedacito de pan. Creían escuchar los golpes del hacha de su padre. Pero no era el hacha lo que sonaba, sino una gruesa rama que el viento agitaba contra un árbol seco.

Después de estar largo tiempo sin moverse, como los ojos se les cerraban de cansancio, se durmieron profundamente.
Cuando se despertaron, ya era de noche.

—¿Y ahora cómo volvemos? —dijo Gretel echándose a llorar.

—Tranquila —la calmó Hansel—. Esperemos a que salga la luna. Entonces podremos ver las migas de pan y encontrar el camino hacia casa.


Pero cuando salió la luna y se pusieron en marcha, no encontraron las migas: se las habían comido los pájaros.

—No te preocupes —dijo Hansel intentando mostrarse seguro, aunque en realidad estaba tan asustado como su hermana—. Ya vamos a encontrar el camino.



No lo encontraron. Muchos lectores dejan el relato en este punto porque lo que sigue asusta de verdad, pero otros, como Hansel y Gretel, se animan a seguir buscando una salida.

Caminaron toda la noche y aun todo el día siguiente sin poder salir del bosque.
Hacía un calor sofocante y de vez en cuando escuchaban murmullos extraños entre las plantas. Al caer el sol del segundo día, estaban tan cansados y hambrientos que se echaron bajo un árbol y se durmieron.

Hacia el mediodía del tercer día vieron un hermoso pajarito, blanco como la nieve, posado en una rama. Su canto era tan hermoso que se pararon a escucharlo.
Cuando el pájaro terminó su canto, agitó las alas y voló hacia ellos; los niños lo siguieron y de repente llegaron a una casita.

El pajarito se posó en el techo y cuando ellos se aproximaron vieron que la casa no estaba hecha de madera sino de… ¡golosinas! Las paredes eran de torta y galletitas pegadas con dulce de leche.
El techo era de chocolate y las ventanas tenían láminas de caramelo cristalizado en lugar de vidrios.
Los chicos gritaron de alegría y se pusieron a arrancar pedazos de la casita para comérselos. Hansel le dio un buen bocado a la pared, mientras Gretel arrancó un pedazo de ventana y empezó a comérselo con voracidad. Al cabo de cinco minutos, las paredes de la casa estaban llenas de marcas de dientes. Hansel le estaba convidando un pedazo de chocolate a su hermana cuando los sobresaltó una voz. Una mujer viejísima, llena de arrugas y apoyada en un bastón, había abierto la puerta de la casita y los miraba sonriendo.
Tal fue el susto de Hansel y Gretel que dejaron caer lo que tenían en las manos.

—¡Qué hermosos niños! Qué lindos y apetitosos…, quiero decir, qué adorables —dijo la anciana—. ¿Cómo es que andan solos por el bosque? ¿No saben que está embrujado? ¡Entren, entren! No tengan miedo y quédense en mi casita, que aquí estarán a salvo de los fantasmas, de las brujas malas y de todo eso.

Hansel y Gretel se miraron. Desconfiaban de la anciana, pero era verdad que no iban a durar mucho más caminando solos por el bosque. Se dejaron llevar por la anciana, que los tomó de las manos y los introdujo en la casita donde les sirvió leche, masitas y tortas. Después de comer, los llevó a una habitación donde había dos camas cómodas y mullidas. Los chicos se echaron en ellas y se durmieron creyendo estar a salvo de todos los peligros.

Sin embargo, la anciana era una bruja y su plan era… ¡comérselos! ¡Cómo en los cuentos de hadas! Los niños eran su fuente principal de alimentación y cuando lograba atrapar a uno, para ella era un día de fiesta. La bruja largó una carcajada larga y maléfica, de esas que largan las brujas, pero Hansel y Gretel estaban tan cansados y dormían tan profundamente que no escucharon nada.



Muy temprano por la mañana, la bruja se levantó y al ver que los chicos dormían profundamente, murmuró: “¡Qué rico bocado será este!”. Se acercó entonces a Hansel y, tomándolo con su mano llena de verrugas, lo arrastró a un corral con rejas y lo encerró. Hansel gritó y golpeó la puerta del corral con todas sus fuerzas, pero no sirvió de nada.

Después, la bruja fue a despertar a Gretel.

—¡Arriba, perezosa! Quiero que vayas a buscar agua y que cocines algo rico para tu hermano. Está en el corral y debe engordar.
Cuando esté bien gordo, me lo voy a comer.

Gretel se puso a llorar amargamente, pero tuvo que hacer lo que la malvada bruja le exigía.

A partir de entonces, se preparaban los mejores platos para Hansel mientras Gretel solo recibía las sobras. Cada mañana, la vieja iba al corral y llamaba:

—Hansel, mostrame tu dedito, quiero comprobar si estás gordito.

Hansel le pasaba un huesito de pollo a través de la reja y la bruja, que tenía los ojos rojos y era casi ciega, creía que era el dedo de Hansel y se asombraba de que el niño no engordara.

De todos modos, después de cuatro semanas, la bruja no quiso esperar más.

—¡Eh, Gretel! —llamó—. Rápido, traé agua. Gordo o flaco, mañana voy a cocinar a Hansel. Gretel se puso a llorar, pero eso enojó más a la vieja.

—Llorar no sirve de nada —la increpó—. Ya encendí el fuego del horno. Primero vamos a hacer el pan, que ya tengo la masa lista—. Y empujando a la pobre Gretel hacia el horno, agregó:

—Para saber si está bien caliente te tenés que meter adentro.

La bruja quería que Gretel se metiera en el horno para cocinarla a ella también.
Pero Gretel era astuta y se dio cuenta de lo que pasaba. La niña miró a la bruja con ojos inocentes y dijo:

—¿Cómo hago para entrar en el horno?
La entrada es demasiado angosta.

—¡Pero qué boba! —exclamó la bruja—. La entrada es enorme, ¡si hasta yo puedo pasar!



La bruja metió la cabeza adentro del horno para demostrar que la puerta era suficientemente grande y fue entonces cuando Gretel aprovechó y le dio un empujón que la lanzó adentro del horno.
Cerró la puerta y salió corriendo. La bruja soltó un grito horrible y después se deshizo en un humo verde y nauseabundo que salió por la chimenea, se elevó unos metros y se disipó con el viento.

Gretel corrió en busca de su hermano:

—¡Hansel, estamos salvados! ¡La bruja ha muerto!

El joven salió de un salto como un pájaro al que se le abre la jaula. Los dos se abrazaron, gritaron y bailaron de alegría.
Luego, como no tenían ya nada que temer, entraron a la casa de la bruja: en todos los rincones había cofres llenos de perlas y de piedras preciosas.


—¡Llevemos eso a casa! Con toda esta riqueza, nuestra familia no pasará más hambre y no querrán abandonarnos en el bosque —dijo Hansel y llenó sus bolsillos tanto como pudo.

—¡Somos ricos! —exclamó Gretel mientras llenaba el bolsillo de su delantal.

—Ahora tenemos que irnos y salir del bosque encantado.

Después de caminar un tiempo por el bosque, se dieron cuenta de que el paisaje se les hacía cada vez más familiar hasta que de pronto vieron a lo lejos la casa de su padre. Echaron a correr y entraron a la cabaña eufóricos. Saltaron al cuello del padre, que no había tenido un solo momento de alegría desde que había abandonado a los niños en el bosque.
La madrastra había muerto.

Gretel sacudió su delantal desparramando perlas y piedras preciosas por el suelo, mientras Hansel sacaba puñados y puñados de los bolsillos.

—¡No volveremos a pasar hambre, se acabaron las preocupaciones, vinimos a traerte todas estas rique…! —gritó Hansel, pero enmudeció de pronto al ver que, apenas tocaban el suelo, las piedras desaparecían como por encanto.

—Eso no tiene importancia, hijos —les habló el padre abrazándolos—. Trabajaremos más, nos arreglaremos como sea, pero viviremos juntos y felices.



Fin




Autor de esta versión: Ricardo Mariño
Ilustraciones: Eva Mastrogiulio

Visto y leído en: http://librosycasas.cultura.gob.ar

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

EL PARAGUAS DEL MAGO

Cuento: EL PARAGUAS DEL MAGO,  por GRACIELA MONTES / ANA SANFELIPPO


HABÍA UNA VEZ UN MAGO QUE, EN LUGAR DE VARITA MÁGICA, TENÍA UN PARAGUAS.

ERA UN PARAGUAS ROJO Y VERDE, MUY GRANDE Y MUY HERMOSO.




—QUEREMOS CARAMELOS —DECÍAN LOS CHICOS.

—¡ABRAPARAGUAS! —DECÍA EL MAGO.

Y DEL PARAGUAS CAÍAN LOS CARAMELOS MÁS RICOS DEL MUNDO.




—ME GUSTARÍA PODER COMPRARLE UNAS FLORES A MI NOVIA —DECÍA UN MUCHACHO.

—¡ABRAPARAGUAS! —DECÍA EL MAGO.

Y DEL PARAGUAS CAÍAN FLORES DE TODOS COLORES.




—¡CÓMO ME GUSTARÍA TENER UN CACHORRITO! —DECÍA UNA NENA

—¡ABRAPARAGUAS! —DECÍA EL MAGO.

Y DEL PARAGUAS CAÍAN CACHORRITOS QUE ENSEGUIDA EMPEZABAN A MOVER LA COLA.




—¡QUÉ GANAS DE COMER SANDÍA! —DECÍA UNA FAMILIA.

—¡ABRAPARAGUAS! —DECÍA EL MAGO.

Y DEL PARAGUAS ABIERTO CAÍAN SANDÍAS ENORMES Y DULCES.



UN DÍA EL PAÍS DEL MAGO SE SECÓ.

HACÍA MUCHÍSIMO CALOR, TANTO QUE LAS FLORES SE MARCHITARON...

...Y SE ACHICHARRARON LAS SANDÍAS...

...Y LOS CACHORRITOS SE MORÍAN DE SED.

—¡QUE LLUEVA! ¡QUE LLUEVA! —PEDÍAN TODOS.

—ABRAPARAGUAS! —DIJO ENTONCES EL MAGO.

Y EMPEZÓ A LLOVER Y A LLOVER PERO... ¡DEBAJO DEL PARAGUAS!




Y EL MAGO FUE POR ACÁ Y POR ALLÁ, LLOVIENDO CON SU PARAGUAS.

Y, POR DONDE ÉL PASABA, CRECÍAN LAS FLORES.

Y LAS SANDÍAS SE PONÍAN GORDAS.




Y LOS CHICOS DECÍAN:

—¡OIA! ¡UN PARAGUAS QUE LLUEVE!
FIN


EL PARAGUAS DEL MAGO
Autora: Graciela Montes
Ilustradora: Ana Sanfelippo
Colección Pequeñas historias
Editorial: Loqueleo Santillana

Libros para compartir las primeras lecturas literarias de los chicos.
Textos breves y coloridas imágenes. Lenguaje sugerente y poético.


El mago tiene un paraguas secreto que da flores, caramelos…
y hasta hace llover.

loqueleo
El proyecto de literatura infantil y juvenil de Santillana

https://www.loqueleo.com/ar/libro/el-paraguas-del-mago

martes, 10 de noviembre de 2020

VIDEO. (Zamba) 2


Día de la Tradición (Zamba) 2

 

VIDEO. (Zamba) 3


 

Día de la Tradición (Zamba) 3

10 DE NOVIEMBRE DÍA DE LA TRADICIÓN ARGENTINA


Hablar de tradición es hablar de costumbres que son conservadas en un pueblo por transmisión de padres a hijos, de generación en generación, a través del tiempo y del espacio. Y no sólo de tradición oral vive el hombre. Los soportes que contienen esa información son fundamentales para asegurar la perdurabilidad de esas tradiciones. El mantenimiento y la conservación de los aparatos o dispositivos tecnológicos donde poder reproducir esa información, también.

Entre las efemérides argentinas, la tradición tiene su día cada 10 de noviembre al recordar el nacimiento (1834) de José Hernández, argentino multitarea: poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político, que nos regaló el “Martín Fierro”, obra principal de la literatura gauchesca argentina.

Cerramos los ojos por un momento y recordamos “el día de la tradición”. Seguramente nos vendrá a la mente la imagen del gaucho con poncho, la paisana (o china) de trenzas con cintas blanquicelestes, el mate, la pava y la guitarra. Nota: si por casualidad ven pastelitos de dulce de membrillo, los recuerdos se están cruzando con el 25 de mayo o el 9 de julio).

 

 

Entre las efemérides argentinas, la tradición tiene su día cada 10 de noviembre al recordar el nacimiento (1834) de José Hernández, argentino multitarea: poeta, periodista, orador, comerciante, contador, taquígrafo, estanciero, soldado y político, que nos regaló el “Martín Fierro”, obra principal de la literatura

 

 

 

El Gaucho Martin Fierro

 

El Gaucho Martín Fierro es un poema narrativo, escrito en verso por José Hernández en 1872, obra literaria considerada ejemplar del género. Debido a que tiene una continuación, La vuelta de Martín Fierro, escrita en 1879, este libro es también conocido como La ida. Ambos libros han sido considerados como libro nacional de la Argentina, bajo el título genérico de El Martín Fierro. En La ida, Martín Fierro es un gaucho trabajador al que la injusticia social lo vuelve gaucho matrero (fuera de la ley). Narra el carácter independiente, heroico y sacrificado del gaucho. El poema es, en parte, una protesta en contra de la política del presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento de reclutar forzosamente a los gauchos para ir a la frontera contra los indígenas.

 

 

 

 

 

 

 

Ver "Efemérides. Especial Día de la Tradición" en YouTube

 


 

 

MARTÍN FIERRO en una película ilustrada por Fontanarrosa

"Podrán redescubrir e interpretar los versos del Martín Fierro en una película ilustrada por Fontanarrosa"

 

Mi gloria es vivir tan libre,
como pájaro en el cielo;
no hago nido en este suelo,
ande hay tanto que sufrir;
y naides me ha de seguir,
cuando yo remonto el vuelo.
Yo no tengo en el amor
Quien me venga con querellas;
Como esas aves tan bellas
Que saltan de rama en rama
Yo hago en el trébol mi cama
Y me cubren las estrellas.

 

VIDEO: (Zamba) 1


 

Día de la Tradición (Zamba) 1

Reflexiones sobre VIEJA .... y sus "partes"

¡Hola chicos!

ESTA VEZ, REFLEXIONAMOS SOBRE LA ESCRITURA DE PALABRAS, RECUPERANDO UNA PARTE DE OTRA PALABRA:


OTRAS PALABRAS QUE SE PUEDEN ESCRIBIR APROVECHANDO LA PALABRA VIEJA:

VIMOS - INVITAR - CORONAVIRUS - AVISO - VIAJE.... 

¿RECUERDAN LO QUE NOS PASÓ EN EL PRIMER VIDEO CON LA PALABRA VIAJE?

 JARRA - CARCAJADA - JAIME - TRABAJA 

 Y MUCHAS MAS!

POR UN ERROR EN LA EDICIÓN, SE OMITIÓ LA ESCRITURA DE LA PALABRA JACINTA, QUE FORMA PARTE DEL CANCIONERO TRABAJADO Y SE ESCRIBE CON JA.

lunes, 9 de noviembre de 2020

"LA BOCA DEL LEÓN" (en Botella al mar)

Cuento: LA BOCA DEL LEÓN   en  Botella al mar 
Autor: Ricardo Mariño.

Un hombre que vivía en Buenos Aires soñó que en un lugar de la selva un león estaba a punto de comerse a un niño.
En el sueño, el león tenía abiertas sus fauces y a su lado el chico estaba paralizado de miedo. Cuando el león abrió aún más su boca y estaba a punto de tragarse al chico, el hombre se despertó.

Todavía asustado por la pesadilla, el hombre saltó de la cama y caminó hasta la ventana de su cuarto. Estiró los brazos, abrió la boca casi como el león de su sueño, y bostezó largamente.


Un ciclista que justo pasaba por allí vio la boca abierta y los brazos estirados del hombre y él mismo bostezó, frenando su bicicleta para dejar paso a un colectivo.
El chofer de la línea 39 miró al ciclista y quedó contagiado de su bostezo.
El pasajero que iba en el último asiento vio por el espejo cómo bostezaba el conductor y bostezó él, sacando la cabeza por la ventanilla.
La viejita que estaba parada en la vereda, esperando que pasara el coche que llevaba al presidente argentino y al de Senegal, bostezó contagiada por el hombre del colectivo.
Al pasar saludando, el presidente argentino miró a la viejita y bostezó. De inmediato le pidió disculpas a su colega de Senegal, sentado a su lado, quien también bostezó.
La imagen de los dos presidentes bostezando pudo verse en el televisor de un hotel de la República de Senegal. Del grupo de turistas japoneses que salían del hotel senegalés, el último alcanzó a ver la pantalla del televisor de la recepción, donde estaban dando el noticiero, con las dos bocazas de los presidentes bostezando. El turista japonés bostezó antes de subir al ómnibus turístico y contagió a un guardaparques que pasó por ese mismo lugar a toda velocidad en su jeep.
Al bostezar, el guarparques contagió al jefe de los zulúes, que estaba escondido entre las palmeras que bordeaban el camino, esperando la oportunidad para atacar la ciudad.
Uno a uno fueron bostezando los quinientos guerreros zulúes y el último de ellos contagió a un gran pájaro verde y rojo que pasó volando sobre su cabeza.


El gran pájaro verde y rojo se posó sobre la rama de un árbol y abrió su enorme pico, demostrando así que los pájaros también bostezan. Pero debajo del árbol había un león a punto de comerse a un chico.


Al ver bostezar al pájaro, el león abrió aún más grande su boca, sin poder evitar el bostezo, que vino acompañado de un rugido tan grande que asustó a toda la selva.
El chico aprovechó el interminable bostezo del león para escapar.


El bostezo siguió contagiando, en dirección sudoeste. Pasó por miles de personas, subió a un barco, desembarcó en Bahía Blanca, los camioneros lo trajeron a Buenos Aires...
Hay un solo bostezo, el único.
Hay un solo bostezo, siempre el mismo, que va de un lado a otro y ahora viene hacia aquí... ahhhhh...

FIN

“La boca del león” en Botella al mar 
Ricardo Mariño, 1999
Ediciones Santillana S.A, 2014
Ilustraciones: © Nadia Mastromauro
¿Quién apaga las estrellas? - ECuNHi / Ministerio de Educación

Cuento: "Pata de dinosaurio" Autora Liliana Cinetto

EN EL NIDO DE MAMÁ PATA APARECIÓ UN HUEVO GRANDOTE, RARO, DE COLOR GRIS… —SEGURO ES UN HUEVO DE CISNE —DIJO MAMÁ PATA, QUE CONOCÍA DE ME...